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| Los
“Caminantes del Walz”
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Una tarde,
cinco hombres jóvenes, vestidos de negro,
subieron las gradas de ACUPARI; luego llamaron
golpeando la mesa del corredor con el puño
de la mano; y, entonces, uno de ellos recitó
un refrancito.
Su alemán sonó a un lenguaje antiguo,
al igual que su vestimenta, pasada de moda.
Este saludo amable de bienvenida incluye a la
vez un pedido para un apoyo económico.
En Cusco, una ciudad turística, se puede
ver de todo; y, con cierta frecuencia, encontramos
estos jóvenes vestidos de negro con una
vestimenta rara. |
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Ellos son los “Caminantes
del Walz”.
“Estos son locos..., son de una secta religiosa…,son
vagabundos…” comenta la gente que
los ve.
Sin embargo, estos visitantes “raros”
no son lo que aparentan ser, ni mucho menos lo
que podemos suponer de ellos. Cada uno lleva consigo
una tradición europea muy antigua con nobles
principios surgidos en la edad media, hacia el
siglo 12. |
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Aquí
queremos presentar algo de su historia y tradición
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Estos
caminantes, llamados en alemán „Wandergesellen
auf der Walz“, son técnicos profesionales
que cumplen con un antiguo deber de perfeccionamiento.
En la edad media, un joven, luego de terminar con su
formación como artesano en carpintería,
cerrajería, panadería, albañilería
o picapedrería, tenía la obligación
de viajar fuera de su pueblo para seguir aprendiendo
su oficio y acumular experiencias bajo la tutela de
otros maestros.
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Por
entonces, se construían en las ciudades grandes
edificios, sobre todo iglesias, donde se necesitaban muchos
obreros especializados.
Los caminantes-aprendices andaban de ciudad en ciudad.
Al terminar una jornada de trabajo, tenían que
irse a otro lugar a buscar un nuevo empleo, hasta convertirse
en maestros.
Porque el titulo de “maestro” lo recibían
sólo aquellos que habían cumplido con esta
caminata en búsqueda del perfeccionamiento a lo
largo de por lo menos tres años y un día.
Además, durante este período, los artesanos
peregrinos estaban prohibidos de acercarse a menos de
50 km de su lugar de origen.
Antes del peregrinaje debían haber aprobado el
examen de mando medio, no debían tener más
de 30 años de edad ní estar casados.
Otra condición era que no debían ganar un
sueldo; pues, en recompensa por su trabajo recibieron
comida y alojamiento.
Aunque el objetivo principal es el perfeccionamiento del
oficio, son las múltiples experiencias del viajero
al conocer las costumbres y los hábitos de otros
pueblos, las que enriquecen la formación personal
y profesional de los futuros maestros.
En este sentido, el peregrinaje es la real escuela de
la vida, donde los caminantes aprenden a confiar en sí
mismos y a ser independientes para procurarse los medios
de subsistencia. |
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EL
Libro de Peregrinaje  |
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Cada
parada laboral o estación de viaje se registra
detalladamente en el grueso “Libro de Peregrinaje”
que los caminantes llevan consigo.
En este libro, las empresas e instituciones culturales,
municipalidades, embajadas y consulados, hospedajes, restaurantes
y parroquias… en fin, todas las entidades que les
ofrecen trabajo o alguna ayuda en el camino certifican
con sello y rúbrica la visita de los peregrinos.
Hoy en día, las mujeres aprendices también
pueden ir de peregrinaje. |
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La
Vestimenta
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Muchas veces estos aprendices
sorprenden con su vestimenta.
Sus ropas consisten en un pantalón de corduroy
y una chaqueta del mismo material o de terciopelo,
zapatos o botas de cuero, una camisa blanca sin
cuello, llamado en alemán “Staude”,
y un sombrero de cilindro o de alas grandes.
En su arete está grabado el escudo del oficio.
Antes el arete era de oro, como una reserva, para
pagar, si fuera necesario, hasta una modesta sepultura.
El aprendiz viaja solo con un pequeño equipaje.
Antiguamente, toda su pertenencia tenía que
caber cómodamente en un bulto, tradicionalmente
llamado “Charlottenburger”, que era
un paño enrollado, como una salchicha, de
unos 30 cm de diámetro por unos 70 cm de
largo. |
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Poesía  |
Wer im Lenzen seiner Jahre,
will was lernen und erfahren,
der muß in die Fremde ziehn,
der muß Wein und Jungfraun fliehn,
sonsten wird er nimmermehr
mit sich bringen Kunst und Ehr. |
Quien en los años de la adolescencia,
desea aprender y ganar experiencia,
tendrá que viajar buscando otro destino,
evitando a las vírgenes y al vino,
sino nunca más traerá consigo
Arte y Honor. |
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